Por Mathias G., experto en protección de datos de SQUAD
Los niños no son usuarios de Internet como los demás
El uso de Internet se ha convertido ya en algo totalmente habitual entre los niños. Lo que para ellos comenzó como una herramienta para relacionarse y divertirse ha evolucionado hasta convertirse, desde hace un año, en su herramienta de trabajo y de aprendizaje.
Sin embargo, esta normalización no debe hacernos olvidar que los niños no son usuarios de Internet como los demás. Constituyen un público especial, tanto por su forma particular de utilizar Internet, los dispositivos móviles o las redes sociales, como por los riesgos específicos asociados a estas prácticas.
Para garantizar la mejor protección posible a los niños, sin por ello coartarlos ni restringirlos arbitrariamente, es necesario, en primer lugar, comprender cómo utilizan Internet y los riesgos a los que se enfrentan. Sin ello, es ilusorio pensar en establecer normas eficaces para regular ese uso.
Pero entonces, ¿qué hacen los niños en Internet?
Prácticas que, en definitiva, son muy tradicionales
Los tres usos principales de Internet que mencionan los jóvenes de entre 11 y 18 años son motivo de tranquilidad para los padres, ya que, al fin y al cabo, se trata de actividades habituales:
- Hablar con amigos o familiares
- Ver vídeos
- Hablar sobre las clases y los deberes
Además, los estudios demuestran que los niños suelen dominar las normas básicas para protegerse en Internet: no compartir la contraseña, pensar bien lo que publican para proteger su privacidad, etc.
Sin embargo, los niños pueden tener una visión diferente de estas normas que los adultos. Algunos le dan su contraseña a un amigo como muestra de confianza; otros entienden la privacidad de forma diferente a sus padres.
Pero eso no significa que los niños actúen en Internet sin ser conscientes del riesgo y sin tomar medidas para protegerse.
En concreto, ¿de qué riesgo estamos hablando?
Normalmente clasifico los riesgos a los que se pueden enfrentar los niños en Internet en tres categorías.
1.Contenidos inapropiados y encuentros desagradables
Se trata de contenidos que no son adecuados para los niños, o que incluso pueden resultar perjudiciales. Nos referimos a contenidos violentos o de carácter pornográfico, pero también a todo lo relacionado con el juego o el consumo de productos adictivos, sean o no ilegales.
Evidentemente, la lista de estos contenidos variará en función de la edad del niño. A los 8 años no se ven los mismos contenidos que a los 15.
Incluyo en esta categoría los encuentros indeseados, ya que, desde el punto de vista del niño, el mecanismo es el mismo: entra en contacto con personas con las que no debería relacionarse, al igual que consulta contenidos que no debería ver.
2. Los remordimientos para más adelante
Me refiero a los contenidos que los niños publican en Internet y de los que algún día podrían llegar a arrepentirse.
Todo lo que publicamos en Internet son huellas prácticamente imborrables que dibujan, de forma imperfecta y a menudo caricaturesca, un retrato de nosotros mismos. Sin embargo, a los 13 años no somos las mismas personas que a los 25. Nuestros gustos, nuestros valores y nuestros círculos sociales evolucionan, y es fácil que, unos años más tarde, nos arrepintamos de nuestra actividad en Internet.
Por lo tanto, es fundamental garantizar a los niños el derecho al «borrado», que les permita eliminar de forma efectiva los rastros que hayan dejado en Internet durante su infancia.
3. Los modelos de negocio perjudiciales para el buen desarrollo del niño
Gran parte de Internet se basa en lo que se conoce como «economía de la atención», es decir, la monetización del tiempo que un usuario pasa en un determinado servicio mediante la creación de un perfil publicitario y la visualización de anuncios.
Por eso, el objetivo de muchas redes sociales o aplicaciones es mantener al usuario en su plataforma el mayor tiempo posible, hacer que vuelva con la mayor frecuencia posible y que genere o reaccione ante los contenidos.
Existen muchos mecanismos para ello, todos basados en un sistema de acción/recompensa: publico un contenido / obtengo «me gusta»; me conecto con regularidad / gano seguidores.
Todo esto es muy adictivo, lo cual resulta especialmente perjudicial para los niños, ya que provoca problemas de concentración y de aprendizaje, dificultades para dormir, problemas relacionales, etc.
¿Cuál es el papel de los padres en todo esto?
«La magia y el horror de Internet no residen en que te lleve al mundo, sino en que traiga el mundo a tu casa. Ya nada importa: ni el toque de queda familiar, ni el barrio en el que vives, ni tu puerta cerrada con doble llave».
Ante todas estas observaciones, los padres se sienten a menudo desamparados. Cada vez les resulta más difícil seguir la actividad de sus hijos en Internet, sobre todo porque cada uno de ellos tiene su propio teléfono, lo que les garantiza estar conectados en todo momento, incluso sin que los padres lo sepan.
Por eso, les propongo un método en tres pasos para intentar acompañar lo mejor posible a su hijo en el uso de Internet o del teléfono.
- Respiramos hondo
Puede que te sorprenda, pero el primer paso es relajarse. Ante todo, hay que aprender a confiar en los niños, ya que, como he dicho antes, son conscientes de que existen ciertos riesgos e intentan protegerse.
A sus hijos no les parece mal la idea de proteger su privacidad en Internet y son conscientes de que deben seguir ciertas normas, por su propio bien.
- Hablamos en familia
Una vez completado el primer paso, es hora de tener una charla: ¿qué hace su hijo en Internet? ¿Por qué? ¿Qué le gusta de ello? ¿Por qué es tan importante para él?
Responder a todas las preguntas te permitirá comprenderlo mejor y evitar establecer normas totalmente descabelladas que no tendrían ninguna posibilidad de cumplirse.
Pero esto también le demostrará a tu hijo que tu objetivo no es limitarlo, sino acompañarlo. Sin eso, las normas que establezcas nunca se cumplirán.
- Se establecen ciertas normas
Una vez que hayáis tenido esta conversación, podéis establecer unas normas. Lo importante es hacerlo juntos para que vuestro hijo las respete. No os hagáis ilusiones: si no quiere cumplirlas, siempre encontrará la manera de ocultaros lo que hace en Internet. ¡Por eso es fundamental que estas normas se acuerden entre todos!
Las normas variarán según cada hogar, pero aquí tienes algunos ejemplos: no se permite tener el teléfono en la habitación ni después de cierta hora, no se pueden publicar fotos de la habitación ni del rostro en Internet, y no se permite tener un perfil público en las redes sociales.
Os deseo mucha suerte con este tema, que sin duda no es fácil de abordar en los hogares hoy en día. ¡No dudéis en poneros en contacto conmigo para hablar sobre ello!
