Los escritos de medievalistas como Jean Favier sitúan el origen de la guerra económica en la época de la Edad Media[1]. Para comprender bien los estrechos y necesarios vínculos entre la guerra económica y la protección de datos, recordemos la siguiente definición del concepto de guerra económica, dada por Éric Bosserelle: «La guerra económica entendida como el conjunto de prácticas aplicadas por empresas y Estados motivados por la búsqueda de poder en el ámbito de la economía»[2]
Lo mismo ocurre con el concepto de protección de datos, que aquí se entiende según la definición dada por el Supervisor Europeo de Protección de Datos: «La protección de datos consiste en proteger cualquier información relativa a una persona física (viva) identificada o identificable».
Pero entonces, ¿qué relación tiene la protección de los datos personales —cuya existencia se deriva del concepto de respeto a la intimidad, que se interpreta de manera muy diferente de un país a otro— con la guerra económica?
La respuesta se encuentra en el análisis de los retos económicos relacionados con la protección de datos, pero también en la puesta en práctica de las distintas estrategias en este ámbito.
Los retos económicos de la protección de datos
Los datos personales tienen un gran valor, y este no se limita únicamente al ámbito comercial. Además de su valor financiero, los datos personales constituyen una fuente de información esencial en la guerra económica moderna. La entrada en vigor del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en 2018 y, posteriormente, de las diferentes normas de la Unión Europea, demuestran claramente que la protección de datos es fundamental en una economía globalizada y compleja. Sin entrar en el marco legal, el estudio de la experiencia y la historia permite comprender el interés de los datos personales en la guerra económica. El ejemplo de Cambridge Analytica[3] es revelador. O, de manera más pragmática, los robos masivos de datos en hospitales o universidades de todo el mundo demuestran el interés de recopilar datos personales. Además de las consecuencias directas para las personas afectadas, esto genera un clima de desconfianza hacia las empresas, las administraciones y, en última instancia, el Estado de un país, acusados de no poder defender eficazmente los datos y la privacidad de sus clientes, pacientes o ciudadanos y, por tanto, su soberanía.
Por último, y no por ello menos importante, la locución latina «Scientia potentia est» (el saber es poder) nunca ha tenido tanto sentido como en la era del marketing dirigido y la recopilación masiva de datos personales mediante cookies y otros rastreadores. No hay nada mejor para impulsar una empresa que dotarla de los medios para dirigirse eficazmente a su público. Así, la guerra económica se libra en torno a la protección y la recopilación de datos personales, lo que provoca ipso facto conflictos entre las distintas visiones sobre el tema.
Diferentes estrategias y visiones en materia de protección de datos personales en la guerra económica
La entrada en vigor del RGPD ha puesto de manifiesto que el mundo se divide en varios bloques en lo que respecta a la gestión de los datos personales y su papel en la guerra económica. Las revelaciones de Snowden, el escándalo de Cambridge Analytica y las distintas posturas adoptadas respecto a TikTok son otros ejemplos de ello. Los bloques estadounidense y chino-ruso siguen una lógica de recopilación de datos en sentido amplio. Esto se debe a consideraciones económicas, geopolíticas y de influencia fuera de su zona de acción. Así, al recopilar datos sobre ciudadanos, usuarios o personas seleccionadas dentro de empresas y administraciones, los Estados disponen de múltiples medios de presión o influencia. La Unión Europea ha aportado un contrapeso normativo para imponer su ritmo en este gran juego económico y diplomático con el RGPD. Esto le permite obligar a empresas y administraciones de todo el mundo siempre que un ciudadano europeo esté implicado de cerca o de lejos. Además de esta capacidad para obligar a las empresas del mundo, esto también es un argumento de comunicación para los actores europeos. De hecho, poder afirmar que se respetan los datos personales de los usuarios de un servicio es hoy en día una fuente de confianza y, por lo tanto, de rentabilidad económica. Tanto es así que muchos países han optado por implantar una legislación más o menos similar —o compatible— con el RGPD. Este es un buen ejemplo de guerra económica mediante el arsenal jurídico en torno a la protección de datos.
El árbol que no deja ver el bosque: la gobernanza de Internet
La protección de datos es uno de los temas que, como se ha explicado anteriormente, influyen activamente en los conflictos relacionados con la gobernanza de Internet. El caso de TikTok es el más ilustrativo para comprender este tema. Las dudas que suscita la aplicación china en todo el mundo ponen de manifiesto los fuertes vínculos que existen entre la protección de datos y la guerra económica. Varios países la han prohibido en su territorio (India, Somalia, Nepal...) y otros han restringido su uso, impidiendo en particular a los funcionarios públicos descargar la aplicación en sus dispositivos profesionales (Australia, Nueva Zelanda, Taiwán...). Se acusa a la aplicación —además de perturbar el funcionamiento cognitivo de las personas que pasan mucho tiempo en ella— de recopilar montañas de datos personales y de espiar a los usuarios y a su entorno. Un arma temible en un contexto de guerra económica en el que China demuestra cada día un poco más su voluntad de ampliar su mercado y sus posiciones. Las cuestiones relacionadas con esta aplicación en particular —existen otros ejemplos, como el reciente caso de Telegram— permiten comprender que la recopilación de datos es un medio eficaz para moldear Internet y los posibles usos a su imagen. La influencia de TikTok entre los más jóvenes es un poder que China puede utilizar para propagar información falsa o ideas políticas que le sean favorables. Como decía Sun Tzu en su eminente El arte de la guerra: «Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; aunque tuvieras que librar cien guerras, cien veces saldrás victorioso».
[1] Las finanzas pontificias en la época del Gran Cisma de Occidente, 1378-1409, París, Jean Favier, 1966
[2] Bosserelle, Éric. «¿La guerra económica, una forma moderna de guerra?», Revue Française de Socio-Économie, vol. 8, n.º 2, 2011,
[3] William Audureau, «Lo que hay que saber sobre Cambridge Analytica, la empresa en el centro del escándalo de Facebook», Le Monde, 22 de marzo de 2018




